espontaneidad

Planificación VS Espontaneidad

La creatividad y la espontaneidad parecen formar una buena combinación. La chispa del momento, ese meme con el que te cruzas, esa inspiración repentina. Está claro que estar alerta y fluir con el momento puede ayudar a sacar lo mejor de nuestro lado creativo. Sobre todo en el ámbito de las redes sociales donde la actualidad caduca cada pocos minutos. Permitidme, sin embargo que ponga esto en duda. No sé si os pasa a vosotros pero mi lado creativo es, en ocasiones, bastante esquivo. Va y viene, aparece y desaparece. En ocasiones me hace sentir como si fuera la más ingeniosa del universo y, en otras, no soy capaz ni de usar ni dos hashtags en Instagram.

Mi creatividad es perezosa y caprichosa. Se activa cuando quiere, trabaja cuando quiere. Me hace trabajar cuando quiere. Por su culpa no se me de bien ser espontánea. No puedo jugármelo todo a la carta de la chispa del momento. Os aseguro que me ha llevado bastante tiempo llegar a esta conclusión. Esta es, en mi opinión, una de las claves para conseguir ser más efectivo en tu trabajo. Lo primero, tienes que conocerte a ti mismo y, en un ejercicio de honestidad brutal, asumir tus debilidades y potenciar tus fortalezas. Obvio ¿no? Seguro que te has analizado en un gráfico DAFO alguna vez ¿verdad? No me contestes ahora, este tema da para otro post…

La cuestión es que, después de años y años, he llegado a la certeza de que la espontaneidad no es una de mis fortalezas. Y sí, puedo trabajar en entornos digitales y manejarme sin problemas con la actualidad de las redes sociales con una gran dosis de planificación. Os diré más, la mayoría lo hacen. No sé si os lo habéis planteado alguna vez pero, la mayoría de esos tuits ingeniosos y espontáneos con los que os cruzáis en vuestro timeline llevan detrás una gran dosis de trabajo.

Porque, y eso sí que lo creo firmemente, para llegar a un momento brillante de creatividad espontánea, tienes que estar preparado. La planificación es fundamental en una estrategia en redes sociales. Todo parte, por supuesto, de los objetivos que quieras conseguir. Es necesario preparar un listado de contenidos y ponerlos sobre un calendario para ver si están equilibrados. Redactar, tirar el borrador, y volver a redactar hasta que estés convencido. Cumplir con esos temas y esas fechas del calendario. Y, por supuesto, adecuarte al lenguaje y el código de cada plataforma. Un mismo contenido puede requerir formas diferentes de ser contado según dónde lo publiques: con un vídeo en Facebook, con un GIF en Twitter, con una foto y las etiquetas adecuadas en Instagram, contando una historia en pocos segundos en Snapchat.

¿Crees que rechazo la espontaneidad? El tema que estaba previsto en mi calendario para esta publicación era otro pero al ponerme a escribir… No me sentía cómoda con ese tema y me puse a improvisar. Te cuento esto ahora, al final del post porque esta es la idea que quiero transmitir. Si hay detrás trabajo, serás capaz de improvisar cuando la actualidad (o las pocas ganas de escribir) te obliguen a ello. La chispa no surge así, por las buenas, eso está claro.

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